Claves: creatividad, invenciones, curiosidades, anécdotas, relatos, imaginación, frases, citas, reflexiones, crítica, análisis, diseños, bocetos,
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Estoy muy cansado. Quizá porque desde pequeño fui consciente del trabajo que cuestan las cosas, construyendo con nuestros padres la casa del pueblo en veranos interminables, y sólo con mi padre, cuando se quedó en paro, arreglando las casas de otros. Luego sólo o acompañado, trabajando para pagarme la carrera, o para desarrollarme, o para ahorrar para mudarnos a Irlanda o para poder seguir aquí... y que dure. Quizá me tomo demasiado en serio a mí mismo. |
___ es un placer, genial, sensual
Rellena los huecos con cualquiera de estos verbos y sus formas: fumar, mear y/o cagar: No entiendo porqué se empeñan en intentar prohibirnos ____ en lugares públicos. Los que no soportan que los demás ____mos en público son unos intolerantes. Al fin y al cabo no huele tan mal, ni mucho menos está demostrado que respirarlo sea tan nocivo como se dice. Yo intentaría dejarlo, pero lo cierto es que una vez que empiezas es muy complicado desengancharse de esa sensación de relajo, sobre todo recién levantado o justo después de comer. Ni siquiera poniéndome un parche puedo evitarlo. Los que nunca lo han hecho no se imaginan lo bien que sienta. Además están los efectos colaterales: Si dejo de ____ cuándo y dónde me apetece, me paso todo el día nervioso e incluso puedo decir que tiendo a engordar. Y luego están los bares y restaurantes. Está claro que dejar a la gente ____ en la barra, o en las mesas, aumenta la clientela. Si prohiben _____ mientras se come o se bebe, la hostelería se resentirá. ¿Me pregunto cómo se las apañaban los bares, pubs y restaurantes antes de que se extendíera la costumbre de ____ socialmente? Ya lo decía la canción en "el último cuplé": ___ es un placer, genial, sensual. ____ espero... [Si por lo que sea decides reutilizar este artículo, se amable y cita a Jesús Mera Barajas como autor original] Etiquetas: adicciones, filosofia, moral, sociedad, tabaco
La retirada de Tiger Woods
A Tiger le han aconsejado muy bien: retírate primero, fuerza la ruptura de contratos con tus patrocinadores (los que no lo rompan contigo) para que su mujer no pille un duro de esos contratos. Le pagas X, aunque sea la mitad de lo que tienes, da igual. Una vez divorciado, con el mar en calma, diciendo que te has rehabilitado de tu adicción, anuncias a bombo y platillo tu regreso al circuito... los patrocinadores y el público siempre está dispuesto a perdonar y más si regresa uno de los más grandes del deporte. Nuevos contratos, nuevo dinero, limpio para él. A parte de eso, 300 millones que dice su mujer que le va a costar a Tiger el divorcio, parece muchísimo, pero puesto en situación, está en relación con lo que tiene el señor Woods y con un posible acuerdo futuro de "no abrirás la boca, ni escribirás un libro sobre mí, etc", vamos, como el que firmó Paul McCartney. Cosas de estos ricachones... yo hago lo que este "GOLFO" y mi parienta me parte la cabeza con el tostador... estos usan palos de golf... cosas de clases y de género. He echado de menos estos días que alguien saliera a decir que nada justificaba la violencia física. Pero claro era Tiger, el adúltero, el apaleado y no al revés. Triste hipocresía. Etiquetas: deportes, marketing, sociedad
Las pequeñas desigualdades ¿razonables?
Hace años compartía una interesante charla con una de las responsables de una publicación LGBT. Por aquél entonces en la empresa para la que trabajaba, se gestionaba, entre otros, un portal de contenidos orientados a Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (de ahí las siglas). En mi labor como responsable de Comunicación y Marketing, nos decidimos a intentar revitalizar el portal, maltratado por todos/as, y a entablar contacto con aquellas asociaciones, organizaciones, empresas... con las que pudieran existir sinergias para optimizarlas, a coste cero, claro (ya era la época del crash de las puntocom). He aquí que años después, el contenido de esa charla ha vuelto a ser pertinente para mis neuronas omnisexuales. Ayer, durante una conversación sobre aeropuertos, recordé un comentario que hice hace diez años, y me valió una cara de estupefacción de la otra parte. Intentaré reproducirlo como lo recuerdo: Tenemos que abrir la sociedad a nuevas formas, más privadas, de ver las relaciones, sin preocuparse de quién folla con quién y cómo. Vuestra revista hace hincapié en el outing (sacar a la gente del armario sin permiso explícito). Si eso lo hiciera otro tipo de prensa o alguna tele o radio, se calificaría de fascista. Al menos a mi me lo parece.
Igualmente en las pequeñas cosas. Entiendo que se busque una figura legal que equipare con el matrimonio. Quizá yo también porque vivo como pareja de hecho sin derechos, aunque no es lo mismo porque yo puedo ir a firmar un papel en el registro. Pero fíjate en las pequeñas cosas: imagina que quiero ir al baño con mi pareja, porque preferimos hacerlo así o porque me he pillado un huevo con la bragueta y quiero que me ayude. Si fuera gay o lesbiana, no tendría problema en que nos vieran entrar en el mismo baño. No así si eres hetero. Y lo mismo pasa en las duchas de la piscina municipal en las que tengo que dejar que me vea la polla y vérsela a otro tío al que no conozco, pero no puedo compartir miradas con mi novia. ¿Es razonable que yo reclame duchas comunes? ¿está la sociedad en general preparada para eso?.
¿Y en los aeropuertos? Deberíamos luchar todos por la visibilidad en los aeropuertos. Como sabes, la norma es que te cachee alguien de tu mismo sexo, sobre todo si eres chica. No es que cachear en medio de Barajas sea lo más sexy del mundo, pero presupone que no hay cacheadoras lesbianas o gays, que no hay pasajeros gays o lesbianas, y que te puedes sentir ofendido porque te toque alguien del sexo contrario, pero no por alguien del mismo sexo. Raro, raro. ¿Sería razonable reclamar algo así?
Son esas gilipolleces absurdas, ancladas en el pasado, las que demuestran que la sociedad necesita un cambio paulatino, abrir la mente omnisexual, desde una mirada distinta de las pequeñas cosas, no en decir que el líder de la oposición es gay. Lo curioso es que mi interlocutora de hace años me diera la razón en ciertas cosas y en otras me corrigió, pero llegamos a la conclusión de que todo cambiaría cuando las generaciones que tenían 16 años, empezaran a naturalizar las cosas, a no preocuparse de quién es gay y sí de que todos seamos iguales y diferentes. Aquellos tienen ahora 26 y yo diría que algo se va notando. Etiquetas: anécdotas, cambios, derechos, evolución, homosexualidad, LGBT, sexo, sociedad
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